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martes, 5 de febrero de 2013

Busco Sonrisas.

Desde el principió, siempre quiso cambiar el mundo. Lennon decía que todos queríamos cambiar el mundo, y es cierto. Aun cuando la gente no lo sabe, no se ha dado cuenta, ellos también quieren cambiar el mundo. El único detalle es que, por lo general, todos creen que necesitas dinero y fama para hacerlo; es que en realidad nadie esta haciendo nada. Están ahí... sentados, haciendo nada de sus vidas, infelices en trabajos y carreras que no les gustan, echándole la culpa y mucha mierda al gobierno y a todo a su alrededor. ¿Quién podría entenderlos?

Jojo, sin embargo, quería encontrar una respuesta que de verdad contestara a las dudas que habitaban en su mente y en la mente de todos, quería cambiar al mundo, de alguna manera u otra, costara lo que costara. Entre ratos, sentía que no tenía los pies sobre la tierra, miraba a su alrededor sin ver nada, porque no encontraba algo que valiera la pena. Los días pasaban, uno tras otro, con el mismo resultado triste de no saber que hacer. A su edad, la gente se la vive en la calle, reventando sus sistemas con alcohol y tabaco. Ya lo había hecho, una que otra vez, sin que nadie lo supiera (Excepto Eleanor, por alguna razón solía contarle alguna que otra travesura a su hermana, seguro solo para sacar la adrenalina de guardar ese pequeño secreto juguetón. Otras cosas, se las callaba y las platicaba con él mismo); pero esto no significaba que fuera como los demás, al menos procuraba ser un tanto original en las cosas que hacía. Eran muchas las que hacia y le gustaban, que era lo mejor.

Entre tanto, observaba a su hermana y a su madre, que siempre estaban metidas en su propio mundo, a veces cuchicheaban, a veces los tres reían. Eleanor era escritora, parecía que vivía en una dimensión paralela a la de los demás, sin embargo, había aprendido muchas cosas de ella y, a diferencia de otros hermanos, ellos se llevaban bien. Al extremo de contarse secretos, reír a carcajadas y pasar horas, horas y horas platicando de muchas cosas: De la vida, de la escuela, de los libros, de los artistas, de John, de Paul, de Ringo y de George. De Desmond (el ya famoso novio de ella), de la chica en turno, de las otras, de los amores pasados, de los imposibles y de las tonterías del corazón, así como de sus aciertos. A veces se quedaba observando esa relación entre Desmond y Eleanor, preguntándose si acaso eso iba a durar. Los dos no habían estado en una relación... "real" nunca y entre ratos era divertido verlos pelear o solo ver las caras de desesperación de Eleanor. Y su felicidad cuando lo veía. Desmond le caía bien.

Siguiendo con Eleanor, de ella era la culpable de muchas de las cosas que le pasaban ahora. No era malo, no. Es que ella le mostró "A Hard days night", justo una noche de un sábado en que fueron a hacer las compras con Julia y ella le compró a su hermana la película de los fabulosos Beatles. Ella le dijo que eran buenos, que The Beatles eran geniales y que él, que era músico, debería escucharlos, porque ellos cambiaron todo. Desde la música, hasta la forma de ver la vida de quienes los aprecian. Sin más, le hizo caso, y escuchó con ella la música, de principió a fin, sin adelantarse, sin retroceder. Fueron desde las primeras canciones, hasta las últimas y las de cada uno de los integrantes por separado o en otras bandas. 

The Beatles es el inicio de esta historia, en realidad. 

Ya sabía que quería cambiar el mundo, la música y el mensaje de ellos lo impulso a desearlo de verdad. Lennon lo apoyó. Pero no sabía como hacerlo. Pasaba largas horas, sentado en silencio o en las grandes platicas durante las horas de clases, poniendo o no atención, pensando también en que solo quería paz al mundo. En la escuela, la vida transcurría como debía hacerlo. Pues hay de todo, desde sus amigos, esos que no quiere soltar de aquí a trecientos años después, hasta esas chicas que se meten y dejan meter cualquier cosa con tal de estar "en onda", los maestros huecos (Hola, Freddy), como los maestros increíbles (Hola, maestro Alfredo). Muy en el fondo, se sentía un poco perdido. Cantaba If I fell de repente y después, ya no estaba la susodicha. Todo eran tan extraño...

Por eso a veces le quería pegar a su hermana. Porque Eleanor concebía las cosas de manera distinta. Ella no conocía la clase de amor que él a sentido, pero escribía sobre él. Lo hacía casi como si lo conociera. Es que ella leía, leía demasiado y observaba demasiado. Era muy observadora. Hasta que llego Desmond y comenzó a ser otra, de alguna manera u otra. Entre ratos, histérica como siempre, entre otros, calmada, sonriente. Eleanor, sin embargo, no sufrió las cosas que él. Las cosas que le estaban tocando a él. Eso de amar y no ser amado, de ser lastimado, esas cosas. Claro, eso pensaba él. 

Eleanor era cerrada, por lo tanto... nadie sabía. Bueno, seguramente Julia si. 

Un día simplemente se lo dijo:-"Tu no sabes nada del amor."- Ella se rió, lo recuerda, y no dijo nada. De repente, solo resopló en un suspiro:-"Eso es lo que tu crees"- Poco después, apareció Desmond. O al menos, él se enteró de Desmond. 

~ · ~

Con la voz de Julia empezó el día, su madre le despertó en la mañana para que saliera a hacer unos mandados, pero no los hizo porque aun así se le hizo tarde. Pero ese fue el día en que se le ocurrió todo eso. Fue a la escuela, no llegó tarde, estaba haciendo esos dibujos en su cuaderno como toda la vida, distraído, abstracto, pensativo a veces. Pero nada venía a él en realidad. Esa noche, se los mostró a Eleanor y ella sonreía como si entendiera. Y si, lo hacía. Ella entendía, porque también creía en eso. Cuando al día siguiente, no se presentó a clases, tuvo una mejor idea... Paso parte del día pensando en como podría cambiar el mundo y luego recordó que había dibujado un barco hace poco. No se acordaba porque, pero de repente le llego con claridad: "Un barco puede llevarte muy, muy lejos". Claro, eso es lo que necesita la gente. Un barco que los lleve lejos de la tristeza, un barco que les haga sonreír... 

¡SONRISAS! Es que esa era la respuesta. Por eso era tan importante.

Quería cambiar el mundo, quería ver sonrisas en los rostros de todos. Por eso, usaba magia para entretener y mirar las caras impresionadas de todos, como no podían creer que el truco le saliera tan bien. Simplemente, era increíble esa pequeña sensación que lo hacía sonreír también. Por eso... Buscaba sonrisas. 

Bajó las escaleras y miró a Eleanor, que limpiaba su casa mientras Desmond iba a la escuela, ella con su año sabático de envidia y su forma tan simple de obtener dinero. Ella lo miró por un instante también.- ¿Sabes hacer barcos de papel?
-No. La verdad es que no...-Suspiró.- ¿Por qué?
-Nada, nada.

Volvió a subir ante la mirada curiosa de su hermana y, sin más, buscó en internet. Para ello, llegó su madre y se distrajo un rato. En un instante, volvió a encerrarse hasta que logró replicar los movimientos de las manos y el manejo del papel que vio en youtube. Al ratito, fue con su amigo y vecino para hablar del tema.-"Busco sonrisas."-Le dijo y él le miró extrañado. Entonces le explicó:

-Haré un barco de papel, en el que explicaré mi nueva... campaña. "Soy un barco de papel y busco sonrisas", algo así. Anotaré el nombre de la persona a la que le quiero dar este barco y se lo daré, para que del otro lado ponga otro nombre y lo pase, así el barco se cargará de sonrisas.
-Buscas sonrisas...
-Si.
-Bien, vamos a buscar sonrisas.

Eso le agradaba de su amigo, que a pesar de su apariencia algo boba y de ser un mandilón, él también quería cambiar el mundo y también quería buscar sonrisas. Por eso, en la computadora, elaboraron durante horas lo que sería el papel más importante del mundo. Un barco de papel. Que busca sonrisas. 

Actualmente, ¿quién sonríe con sinceridad? De hecho, la sonrisa esta sobre valorada, porque ya nadie sabe lo que en verdad significa. Él encontraba una sonrisa cuando Eleanor estaba con Desmond, encontraba otra cuando Desmond volteaba a verla, hallaba una cuando Lucy (su sobrina) los veía después de varias semanas sin verse, la encontraba cuando su sobrino descubría algo nuevo en el mundo, veía una más cuando Julia escuchaba las explicaciones que él le daba sobre las pequeñas grandes cosas que quería hacer. Incluso, encontraba una en él, cuando sabía que estaba haciendo algo bien. 

Viéndolo así, no era algo muy complicado de entender. Era el impacto que las pequeñas cosas tienen sobre nosotros, esos pequeños momentos que saben a gloría, donde somos inocentes y conocedores al mismo tiempo, cuando nuestros labios forman una curva curiosa y la llamamos sonrisa, que es incluso más maravillosa que cualquier gran arcoiris. 

Buscaba sonrisas ahora. Y las iba a buscar en todas partes: En él, en su amigo, en su casa, en la escuela, en el parque, en el centro, en la calle, en internet, en el mundo. Iba a buscar sonrisas para su barco, un barco de papel más resistente que cualquier submarino amarillo y más poderoso que cualquier estúpida bomba nuclear. Buscaba sonrisas para salvar al mundo y a su mundo.

Aun si en las noches lloraba, estaba seguro de algo con respecto a su vida: Él quería cambiar el mundo.



Dedicado a mi hermano pequeño, que busca sonrisas. 

lunes, 13 de agosto de 2012

La Muñeca del Abismo: Prologo.


¿Por qué cuando alguien muere instantáneamente se le dice a los niños que su ser querido esta en "el cielo"? ¿Por qué están tan seguros, si jamás nadie ha estado ahí y regresado? ¿Por qué la gente tiene que decirle tantas mentiras a los niños?

Miraba el cielo todos los días desde que esa tragedia que le arrebato a su hermano sucedió. Nunca veía nada nuevo, más que azul, azul, azul... Y las nubes blancas, de formas sin forma, inciertas. Aun cuando llovía, no habia ningún cambio. Era lo mismo, pero de otro color. ¿Qué significaba cuando llovía? ¿Acaso los muertos estarían llorando? ¿o será Dios? ¿O será algo más...?

Entonces pensó que podía ir al cielo y ver a su hermano. ¿Cómo podía ir al cielo? Simple: Volando. ¿y cómo podía volar? Con unas alas. Con un avión. Pero no tenía nada de eso. Entonces... ¿Cómo?

Muriendo.

¡Pero ella no podía morir! ¡Eli no podía morir! ¡Era muy pequeña para eso! ¡Muy, muy pequeña! ¡No podía morir! Además todos estarían muy tristes, todos llorarían, así como lloraron cuando Dante murio. ¿Qué iban a hacer todos sin Eli después de que Dante se fuera? ¿Cómo iban a sus padres soportar tanto dolor? Margaret se volvería loca y Roderich, ni que decir, no podría simplemente soportar tanto dolor. Eli no se podía morir.

Ah, pero... Podía dormir y pretender que moría, para así soñar que iba al cielo y visitaba a su hermano.

-¡Todas las personas que quiero mueren! ¿Por qué todos mueren antes que yo? ¡No es justo! ¡Qué crueles! ¡Yo también quiero morir y estar con ellos!
-No digas eso, Eli.
-Pero... Pero...
-Aun no es tu tiempo, Eli. Además, piensa en que triste se sentiría mamá y papá...
-Pero, ¡Dante...! ¡Yo quiero estar contigo!
-No, no es tu tiempo aun.

¿Tan bueno era "el cielo" que todos los que van se quedan ahí, no intentan volver? ¿Es tan bueno que se olvidan de las personas que más aman y prefieren quedarse con personas que no conocen gobernadas por un ser incierto?

-Tal vez el cielo no existe y por eso nadie a querido regresar.
-¿De qué estas hablando, Eli?
-Has estado obsesionada con eso desde que falleció Dante, cariño. ¿Estas bien?
-Es que mi abuelita, mi primo y también Dante... y mi otro hermano que no pudo nacer... Todos ellos han muerto y nunca han querido regresar.
-¿Cómo sabes? No podemos verlos.
-Pero... ¿no buscarían la forma de hacerse notar.
-Eli, pero es que ellos siempre están contigo.
-¿Eh? ¿¡Cómo, mamá!?
-Te cuidan, te miran, te aman y te protegen desde el cielo y, a veces, aunque no puedas verlos, ellos están abrazándote en este momento.

La idea daba miedo, que un fantasma le abrazara sin que ella supiera. ¿Cómo iba a saber que era alguno de sus seres queridos? ¿y qué tal si se trataba de otra persona ya muerta? ¿y si era... alguien malo? ¡No! La sola idea la hiso estremecer, cubriéndose por completo con las sabanas y colchas de su cama, protegiéndose de cualquier cosa extraña que pudiera visitarla en la noche. No, no iba a permitir que otro ser desconocido se le acercara...

Poco a poco todo se oscureció y se sumergió en un sueño placentero del cual no quería salir. Estaba parada en medio de un extenso campo de camelias. Rojas, un rojo muy brillante y vivo; desgarrador. Su largo cabello rizado caía por sus pequeños hombros y se movía libre con la brisa deliciosa de ese lugar tan irreal. Las nubes eran algodón de azúcar rosado pasivo; la infinita cascada se veía caer desde el cielo hasta perderse en el agua del brazuelo de rio que pasaba por ahí, esa agua era de oro. Cerró los ojos respirando el aroma dulce del pan recién hecho y cuando se dio la vuelta, vio varias casas blancas, hechas a la antigua, todas con sus puertas abiertas y habitantes vestidos de blanco que sonreían y se saludaban entre sí.

Dio un paso atrás y las camelias le hablaron, pidiéndole que se acostara en ellas y se relajara, que olvidara. Entonces miro los arboles con hojas de cristal y frutos de rubíes. Su cuerpo descanso en las camelias que la recibieron contentas, acariciando ese negro y hermoso cabello rizado y largo. Las risas no se hicieron esperar y vio al sol más hermoso que había visto en toda su vida, sonriéndole.

Estaba en el lugar más hermoso que había visto jamás.

Y la voz profunda y hermosa, aterciopelada y calmada, le hablo. Y cuando abrió los ojos miro el rostro de un hombre hermoso, mucho mayor a ella.

-¿Quién eres?-Gesticulo curiosa.

Johann le sonrió, ella hizo lo mismo al saber su nombre como por arte de magia. Solo... Lo sabía. Él se acostó a su lado y la abrazo protectoramente, quedándose así hasta llorar con tal sentimiento.

-No debes estar aquí.

Lo sabía, pero tenía miedo de aceptarlo. De aceptárselo.

-No… No quiero volver.

Porque tenía mucho miedo. No quería ver y recordar todo eso… Solo quería estar ahí, con Johann, todo el tiempo. Para siempre. Juntos. Pero no debía ser así.

-Tienes mucho que vivir, Eli.

Cerró los ojos con fuerza y las camelias le negaron todo a Johann. El capitán simplemente acepto los hechos y la abrazo más fuerte hasta que la voz conocida por ella le llamo.

Eli se paro rápidamente, contenta corrió por el pueblo de los habitantes felices y al llegar al fondo, se encontró con él: Su hermano.

-¡Dante, Dante!-Dijo abranzandolo y este le sonrió, correspondiendole y reciviendola.-¡Te he extrañado tanto! ¡Pero ahora estaremos juntos! ¿Verdad?
-Claro que si, Elizabeth. Vamos a estar juntos para siempre, pero solo si tu quieres.
-¡Si quiero, si quiero!

Dante le sonrió y la abrazo con fuerza, dándole vueltas mientras del cielo comenzaban a caer os pequeños y dulces pétalos de cerezo, con su hermoso color rosado, dándole una vista aun más perfecta y hermosa a ese lugar sin ruido, a ese lugar sin maldad, a ese lugar lleno de perfección.

Johann les miro desde el otro extremo, sonriendo con perversidad, viendo a la nueva "Muñeca del Abismo" surgir de una dulce de seis años, como siempre debió ser.

Y, sonriente, corto el hilo de rojo del cual dependía ella.



El 16 de Febrero del año 1998, Elizabeth Larousse callo en un estado vegetativo misteriosamente. Quedo atrapada en un mundo de ensueño plagado de increíbles verdades, un mundo llamado "Fortuna", y jamás regresó.